

Los cuencos tibetanos y el masaje vibracional:
Aquí se aúnan múltiples posibilidades...
Por una parte, el propio sonido de los cuencos, su vibración armónica "limpiando" todo en su derredor. Humilde instrumento de amor, paz y armonía... "afinándonos" en notas puras, maravillosas, complejas... invitándonos a imitar su armonía, en forma simple, estando, sonando, convirtiéndose en nuestro espejo y en nuestro eco... El cuenco suena "mal"... ¿quién "suena mal", cuando el cuenco suena mal?... ¿Qué parte de mí está evocando ese sonido?... Resonancia por "simpatía".... y la limpieza se va produciendo... sutil, lenta.... o arrolladora, inmediata... Tus tiempos... mis tiempos... todo sucede como debe ser... Y el cuenco sigue sonando..., limpiando, embelleciendo nuestras vidas, recordándonos de dónde venimos... de la Paz, de la pureza, de la Armonía absolutas... de nuestra perfección olvidada por momentos...